05 noviembre, 2007

El color del fuego

Recuerdo que en mi infancia ya más tardía, más de alguna vez pensé que era pirómano por ese especial placer que da el admirar un fósforo consumiéndose. Ese especial gusto que da el observar aquella danza y ese juego de DOS colores: amarillo y azul.

Claro, más de alguna vez cuando tenía que dibujar fuego cuando estaba en los primeros año de colegio, le pintaba los dos colores que vuelvo a repetir: azul y amarillo.

A esa edad no entendía realmente por qué mi profesora me corregía y me hacía pintar al medio de los dos colores el rojo, cosa que mis pequeños compañeros pensaban lo más normal del mundo. Si hubiera sido un poco más paranoico a esa edad hubiera pensado que era un complot en ver el rojo en el fuego cuando en realidad no existía. Era como si todos estuvieran equivocados menos yo.

En realidad al pasar los años me di cuenta y fui asumiendo la condición de daltónico me di cuenta que en realidad ninguno de los dos está equivocado: ellos tienen su visión de las cosas y yo la mía. Creo que lo único comparable a esa sensación debe ser la de tener algún trastorno mental y tener alucinaciones: el ver algo que en realidad (no) está ahí. Todos te dicen que está pero no lo puedes percibir de ninguna manera, ¿raro no?

Pero después de las primeras correcciones siempre pinté el fuego con rojo, aunque jamás hubiera visto el rojo salir de un fósforo consumiendose.

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